viernes, 26 de agosto de 2011

Koufonissia y su gente y su mar y su comida y ...


































Llevo tres días aquí y estan siendo lo más alucinantes del viaje. Llegué el día de mi cumpleaños y en éstos días siento haber descansado y parado la mente como casi nunca.


El lugar es bello hasta decir basta, la gente de aquí es maravillosa, los cuatro turistas más o menos respetuosos y con el entorno me he mimetizado de tal manera que ya tengo mi rincón para el baño solitario de las nueve de la mañana, mi momento del café, la panadería donde me guardan el desayuno, el bar del puerto donde he conocido a Nikhita y toda su familia (la primera noche la pasé en sus pensión del piso superior) y mi lugar para la puesta de sol (la ensenada de Mixaha y su molino).


Estas dos noches las he pasado en casa de Sofia, la madre de Nikhita, ya que tenían la pensión reservada y me ofrecieron el altillo de casa de su madre; y allí me fui. Los desayunos y meriendas con ella estas dos días han sido geniales (hemos hablado de la vida, de su marido, del "no mío", de los hijos, de los "no mis hijos", del mar, de mi ropa, de que no le gusta el nudismo y cada vez que coincidiamos en algo me daba un golpe en la pierna en plan "abuela, aiss que nieta tengo!" que me resultaba muy familiar) ; ella me hablaba en griego y yo me empeñaba en hablarle en inglés como si pudiera enterme pero al final todo eran las manos y una sonrisa constante en nuestras caras como "lenguaje universal".


Hoy me he dado la vuelta a la isla paseando. He salido de casa de Sofia a la una de la tarde con dos baños a medida que avanzaba el rato y la puesta de sol de broche final. Los muy "guays" (Nikhita y familia) me han sorprendido viniendo a cenar conmigo al bar del puerto (vengo mucho porque tienen wifi), que propiedad de NIkhita y allí me han dado todos uno de esos abrazos que te hacen sentir en casa y llorar por dentro sintiendo que se está muy bien aquí.

Sofia ha querido despedirse de mi ahora ya que mañana quiere ir a misa y no estará, dice, cuando yo me vaya y me regalado algo maravilloso, una caracola. Me ha explicado que cuando quiera escuchar el mar de koufonisia, sólo debo acercármela al oído. Ademas de explicaba como debía envolverla con la ropa para que en la mochila no se me rompa en el viaje de vuelta. No me daban las palabras xa agradecérselo lo suficiente; realmente mientras escribo me doy cuenta de que me emocionado muchísimo !.


Koufonissia será, por ahora, el nombre de MI isla querida; os quiero.


Mañana parto a Iraklia, otra de las ciclades menores.







































1 comentario:

  1. Qué bonito nena!!! Nos ha parecido de película!! Disfruta montones.

    T'estimem!
    H&G

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