Desde las doce la mañana estoy en la segunda isla más pequeña de las cíclades menores, Iraklia.
Del tamaño de Formentera (apenas 19 km cuadrados) y 4o personas censadas en invierno y 3 niños que mantienen la escuela abierta esta isla se deja mecer por el mar y peinar por el viento, que no amaina todavía.
He llegado y, lo que viene siendo ya una costumbre, ha devenido la tradición de no hacer caso a los propietarios de los dolmatia (propietarios de hoteles y pensiones) que te vienen a recoger al ferry para ofrecer sus habitaciones para ir en buscar del bar -taberna o restaurante más cercano al puerto y allí trabar amistad con el propietario que es el que mejor te indica dónde dormir y qué hay en esa isla. Pues bien, me he enterado de que mañana hay algo parecido a una romería a una cueva que hay en el otro extremo de la isla (en plan litúrgico) y me voy a quedar a ver de qué va el tema, mañana os explico.
Por ahora entonces, un buen baño en la playa del puerto (alucinante poder tirarte desde el muelle a un agua cristalina), un paseo el pueblo y puesta de sol en el hostalito que he encontrado.
Desde un lugar en el que parece que el reloj se ha detenido literalmente, un beso y un otro "os quiero" de la Zanzara que anda por aquí, asustando a los gatos que corretéan por las calles del pueblo.
Qué envidia! Nosotros ya pensando en la vuelta y tú callejeando a lo gatuno...Disfruta mucho y coge un poco de sol y mar por nosotros...
ResponderEliminarUn abrazo grande!!!