(En un vano intento de emular al gran escritor de "Fiesta" he escrito esto. Hoy he asistido a esta escena mientras me daba un baño en el puerto y no lo he podido evitar, perdón de forma anticipada)
"Llegaron al muelle del pequeño puerto de Iraklia al golpe del mediodía. El hombre mayor cargado con dos bolsas de plástico y un cubo y el chico joven con la botavara y lo que parecía ser una vela triangular doblada alrededor de ella. Estiraron la amarra de proa y el pequeño bote se acercó lentamente al muelle de cemento. Algunas gaviotas picaban en la arena de la playa el resto de comida que los turistas de la mañana pudieran haber dejado.
Primero subió el viejo y hasta que no hubo dejado el cubo y las bolsas de forma que el peso que éstas contenían fuera equitativo en ambos lados de la embarcación no permitió que el joven subiera; “un barco debe ser estable para que no zozobre, no lo olvides hijo”.
Entre los dos, uno en la proa y el otro en el centro de la embarcación, instalaron la botavara con mucho cuidado de no forzar el pie de mástil y de cazar los cabos que unen ambas partes; de manera que quedara tensado pero flexible para que las piezas pudieran moverse al vaivén de las olas y se dejara espacio a la presión del viento sobre la vela. Debía quedar “firme pero no rígido, como tantas cosas en la vida” le dijo el viejo. El joven asintió en un gesto de conocimiento previo de todo lo dicho y de forma airada saltó del bote al muelle. El bote se movió de manera que el viejo perdió un momento el equilibrio y tuvo que cogerse al riel de la barandilla de hierro para no caer al agua mientras un grito reprendía al joven. Éste se giró desde el muelle, extendió las brazos en un vano esfuerzo de coger al viejo. Un “hijo!!!!” precedió a otro “perdona, ya se que no debo desembarcar bruscamente, el bote está aún sin orza y podríamos volcar, perdona.” Silencio.
El joven desapareció hacia un pequeño almacén en el extremo del muelle mientras el viejo aparejaba la vela. De manera ceremoniosa, aplanó el puño del mástil y la parte superior del grátil antes de introducirlo en el riel vertical del mástil. Desanudó la driza de la mordaza y tras asegurarse de la libertad de la misma introdujo el extremo por el ojal, lo anudó con un as de guía y tras asegurarse la dureza del nudo realizado tiró de la driza para subir la vela un par de palmos de manera que no portara viento y nuevamente la anudó a la cornamuza posterior. De igual forma deshizo la escota y, tras una vuelta de polea, abrió el mosquetón que la unía con la cubierta del barco. La vela estaba lista para ser hizada al enfilar la ensenada.
El joven apareció con la orza y una pequeña red para pescar y quiso subirlas por proa. “no, aún no; ven a ver esto”. El joven dejo los aparejos en el muelle, se acercó y observó la vela y la driza. “Ves este nudo!. este nudo sirve para unir dos formas diferentes, un ojal y una driza-un cabo; algo aparentemente diferente puede unirse en el mar, como muchas otras cosas, míralo y aprende a hacerlo.” El joven tensó la driza y observó la rigidez del nudo pero recordó la sencillez al deshacerlo si se conoce que se debe doblar la vuelta superior; en caso contrario es difícil y, a veces, casi debe ser cortado. En ese caso se calló y observó los lentos movimientos del viejo; esperaba sus instrucciones.
El joven desapareció hacia un pequeño almacén en el extremo del muelle mientras el viejo aparejaba la vela. De manera ceremoniosa, aplanó el puño del mástil y la parte superior del grátil antes de introducirlo en el riel vertical del mástil. Desanudó la driza de la mordaza y tras asegurarse de la libertad de la misma introdujo el extremo por el ojal, lo anudó con un as de guía y tras asegurarse la dureza del nudo realizado tiró de la driza para subir la vela un par de palmos de manera que no portara viento y nuevamente la anudó a la cornamuza posterior. De igual forma deshizo la escota y, tras una vuelta de polea, abrió el mosquetón que la unía con la cubierta del barco. La vela estaba lista para ser hizada al enfilar la ensenada.
El joven apareció con la orza y una pequeña red para pescar y quiso subirlas por proa. “no, aún no; ven a ver esto”. El joven dejo los aparejos en el muelle, se acercó y observó la vela y la driza. “Ves este nudo!. este nudo sirve para unir dos formas diferentes, un ojal y una driza-un cabo; algo aparentemente diferente puede unirse en el mar, como muchas otras cosas, míralo y aprende a hacerlo.” El joven tensó la driza y observó la rigidez del nudo pero recordó la sencillez al deshacerlo si se conoce que se debe doblar la vuelta superior; en caso contrario es difícil y, a veces, casi debe ser cortado. En ese caso se calló y observó los lentos movimientos del viejo; esperaba sus instrucciones.
“Veámos el timón” y ambos observaron en silencio las partes: la pala, el engranaje sobre el que se ladeaba y la barra. Todo en su sitio, todo bien. “Ahora, calemos la orza y sube la red, métela en el tambucho de popa, ésto debe estar ordenado para navegar."
Y, en silencio, todo ocurrió de forma lenta y mesurada, como en un baile donde los bailarines conocen los pasos; la amarra cayó sobre el muelle, las manos ejercían presión en las barandillas de los dos botes que los flanqueaban y en un último impulso el bote quedaba libre y a merced de la corriente hacia la playa. El viejo se sentó en el banco del tambucho de popa, su mano izquierda sobre la barra del timón y la derecha cazando suavemente la escota. Mientras tanto el joven,a la altura del mastil, soltó la driza y tiró de ella, la vela ascendía lentamente por el riel, ajustó nuevamente la driza y de forma casi mágica la vela portó y el bote apuntó a la salida de la ensenada del puerto, con el esperado rumbo de través al viento.
En unos minutos llegaron a la mar azul. "
Os quiero, un beso. Zanzara.
Os quiero, un beso. Zanzara.
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