martes, 23 de agosto de 2011

El meltemi... (cuentito)




Estaba en el restaurante Ellis de Santorini cuando ví a aquellas cuatro amigas que esperaban mesa. Del rato que estuvieron esperando pude escuchar sus nombres y al sentarse muy cerca algo más de sus historias. Estaba Franca, de estatura pequeña, pelo rizado y suelto a la altura de cuello, cara seca y expresión algo dura; también Loreto más alta y complexión hecha, morena de pelo largo y recogido en la parte alta de la cabeza, pendientes extremadamente grandes y ropa suelta, Maria delgada y alta, pelo largo y con mechas rubias y ropa muy informal y Angelica pelo corto, cazadora negra y un vestido blanco hasta las rodillas. Parecían cuatro amigas con destino y momento común, pero de vacaciones.

María tenía frío debido al intenso viento que soplaba en Santorini aquella noche; toda aquella semana iba a ser de un intenso meltemi (el viento racheado y fresco del norte, en las islas) lo que les sorprendía en pleno mes de agosto y en el mediterráneo. El camarero del piso inferior les había ofrecido el comedor de la parte inferior pero Franca y Angelica querían ver las maravillosas nocturnas que aquella isla les podía ofrecer en su primera noche. Y los empleados de la parte superior les habían dicho que en “cinque minuti” tendrían mesa pero ahí estaban, en un rincón de sillas bajo un soldo que incesantemente flameaba y esperando. “bueno, quizás podríamos cambiar de opinión y ver la vista por la ventana de abajo” dijo Loreto pero no, un “aspertiamo un attimo” sonó rápidamente. Una sonrisa del camero y les pasaron a la mesa.

Por fin, “aquí estamos¡” y un “bueno, frío sigue haciendo igual” pero “fíjaros en las vistas y en lo negro del mar”, “sí, es precioso pero pidamos la cena ¡”. “Pidamos una ensalada griega para compartir, un tatziki, una fava y unas dolmatia, si ?” El resto asintieron a Franca, que insistía en que tenía mucha hambre y que al comer se les pasaría el frío. La cara de María se endureció en un gesto de “tu siempre tienes que saberlo todo, no ¡” pero dijo que sí. El meltemi seguía aireándolas mientras el mar intentaba mecerlas en un vano intento de apaciguar al viento. “Y vino ? tomaremos no ?”, sí, una botellita y “así entraremos en calor más rápidamente” mientras todas ellas se ajustaban los foulares al cuello.

Llegó la cena y como ocurre en estos casos todo estaba buenísimo y todas se abandonaron a los nuevos sabores de la comida y a las novedades de una cocida que no por próxima era conocida sino porque la evidente realidad de que en un entorno nuevo y en una noche de luna menguante “todo estaba delicioso”. Y, como no, en la sobremesa empezaron las confidencias. Loreto decía que estuvo dudando en venir con ellas a las islas pero que la verdad es que ahora tenía la sensación de que sería un viaje interesante y divertido. “claro ¡! Y eso se merece un brindis ¡!”

Maravillosa noche y cena y , a pesar de que el meltemi no daba tregua alguna, parecía suavizar el ambiente de manera que Angelica le preguntó abiertamente a Franca qué había pasado con Fabrizio “ya que como estábamos entre amigas, nos lo puedes explicar. no?” Franca tragó saliva y dejó los ojos en blanco en un vano intento de no querer contestar y María le complació con un “si no nos lo quieres decir… pero "posiblemente te vaya bien contarlo”. Un “no si, la verdad es que tampoco hay para tanto, simplemente no estábamos bien y decidimos dejarlo”. Hubo un silencio, nadie hablaba. “un ozyo” dijo el camarero, “les gustará seguramente”. Una racha del meltemi tiró una silla de las mesas no protegidas por el toldo, el camarero se apresuró a levantarla y dejarla en la parte de atrás del patio.


Cambiaron de tema para no molestar a Franca pero ésta miraba intermitentemente a María, sin decirle nada. Loreto y Angélica comentaron lo que harían mañana, las playas y que por la tarde querían ir a ver puesta de sol a Oia ya que según la lonely planet era lo más recomendable y mientras todo esto ocurria Franca le espetó a María un “no se lo vas a contar??, vas a dejar que se lo diga yo ?” Silencio entre las cuatro y un “no se qué te ha dicho pero fue una tontería, de verdad!” Franca se levantó y en un intento fracasado de bajar la voz le levantó la mano, frenó el brazo al caer y con un dedo apuntándole directamente a los ojos le dijo un “ sei peggio che lui ¡”.


Saliendo del restaurante Franca se cruzó con el camarero que contra otra nueva racha de meltemi, y de forma heroica, subía por la escalera exterior con una bandeja con los cuatro vasitos de ozyo.


Y de nuevo, otra vez el viento del norte les inundó.

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